Me da pena que no me llames, ni que ya no tengas una palabra para mí.
Siento una lástima enorme por los momentos que ya no viviremos,
o que vivirás en otros brazos.
Siento algo parecido a una naúsea, cuando pienso en los besos que me niegas,
pero sobre todo, noto como el corazón se me acelera,
cada vez que me miras, con esos ojos que no dicen nada.
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