Caminaba errante, con la mirada al suelo, evitando los charcos. El no saber qué decir, se había tornado en un incómodo silencio, banda sonora de esos primeros días grises y fríos de enero. El año nuevo dio paso a la más absoluta indiferencia, mientras los besos, dormían aún calientes en el cuello de algún abrigo.
Y como el que despierta de un sueño, repentinamente, todo se terminó. Ni una frase más alta que otra, ni siquiera una palabra. Cómo la negra noche que da paso a la más clara de las mañanas, sin dejar ni rastro de la oscuridad, se había desvanecido.
Y ni el cariño procesado, ni las excusas, ni siquiera el armarse de valor frene a su puerta, lo hicieron cambiar de opinión. Había decidido tragarse sus motivos.
Y fue así como las almas se fueron envenenando, no sólo la del guardián de las palabras, sino las dos. La una, por no decir aquello o lo otro, la excusa o el motivo, las verdaderas razones o las que sirven para salir del paso, y la otra, por no saber, por hacer mil y unas conjeturas, sin cabeza ni pies, por albergar esperanza y después perderla, por dejar pasar inexorable al tiempo, que dicen todo lo cura.
Y como todo se acaba, también eso terminó.
Y es que hay silencios peor que las palabras.
Y como el que despierta de un sueño, repentinamente, todo se terminó. Ni una frase más alta que otra, ni siquiera una palabra. Cómo la negra noche que da paso a la más clara de las mañanas, sin dejar ni rastro de la oscuridad, se había desvanecido.
Y ni el cariño procesado, ni las excusas, ni siquiera el armarse de valor frene a su puerta, lo hicieron cambiar de opinión. Había decidido tragarse sus motivos.
Y fue así como las almas se fueron envenenando, no sólo la del guardián de las palabras, sino las dos. La una, por no decir aquello o lo otro, la excusa o el motivo, las verdaderas razones o las que sirven para salir del paso, y la otra, por no saber, por hacer mil y unas conjeturas, sin cabeza ni pies, por albergar esperanza y después perderla, por dejar pasar inexorable al tiempo, que dicen todo lo cura.
Y como todo se acaba, también eso terminó.
Y es que hay silencios peor que las palabras.
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